Cinco pueblos de Málaga con un encanto especial que no te puedes perder
La provincia de Málaga es mucho más que sol y playa. Basta con desviarse unos kilómetros del litoral para descubrir una colección de pueblos pequeños donde el tiempo parece ir a otro ritmo, las calles huelen a jazmín y cada rincón invita a quedarse un poco más. Si te apetece una escapada para este finde de semana con sabor auténtico, apunta estos cinco pueblos malagueños que enamoran a primera vista.
Frigiliana: el blanco más fotogénico de la Axarquía
Frigiliana es, sin discusión, uno de los pueblos más bonitos de Andalucía. Sus calles empedradas, sus casas encaladas y sus macetas de colores forman un conjunto tan armonioso que parece diseñado para perderse sin rumbo. Pasear por su barrio morisco es una experiencia en sí misma, y si además lo haces al atardecer, con vistas al Mediterráneo, entenderás por qué quien lo visita siempre quiere volver.
Entre los lugares de interés destacan:
- La Iglesia de San Antonio de Padua, del siglo XVII, en pleno centro.
- El Palacio de los Condes de Frigiliana, que hoy alberga una fábrica de miel de caña.
- El Mirador de Santo Cristo de la Caña, perfecto para disfrutar de vistas al mar y a la sierra.
- Tiendas de artesanía, pequeños bares y terrazas donde probar platos típicos como el choto o las migas.
Júzcar: el pueblo que se atrevió a ser azul
En pleno Valle del Genal se encuentra Júzcar, conocido como “el pueblo pitufo”. Aunque su fama viene de su llamativo color azul, este pequeño municipio es mucho más que una curiosidad. Rodeado de bosques, castaños y senderos naturales, Júzcar es ideal para una escapada diferente, tranquila y con un punto divertido. Perfecto para ir con amigos o en familia.
Qué no te puedes perder:
- Las rutas de senderismo del Valle del Genal, aptas para todos los niveles.
- El Mirador de la Torrichela, con vistas espectaculares al entorno natural.
- La Iglesia de Santa Catalina, sencilla pero con mucho encanto.
- Actividades de aventura como tirolinas y rutas guiadas, muy populares entre familias.

Comares: un balcón natural sobre la Axarquía
Situado en lo alto de una colina, Comares parece suspendido en el aire. Sus vistas panorámicas son simplemente espectaculares, tanto que se le conoce como “el balcón de la Axarquía”. El pueblo conserva un aire medieval muy marcado, con calles estrechas y empinadas que desembocan en miradores de postal. Ideal para quienes buscan silencio, paisaje y autenticidad.
Lugares de interés:
- Los restos del castillo árabe, desde donde se domina toda la comarca.
- La Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, construida sobre una antigua mezquita.
- El Mirador de los Verdiales, ideal para fotos panorámicas.
- Su casco antiguo, perfecto para perderse entre cuestas, plazas pequeñas y rincones tranquilos.
Genalguacil: el pueblo donde el arte vive en la calle
Genalguacil es una sorpresa constante. Este pequeño pueblo blanco se ha convertido en un auténtico museo al aire libre gracias a sus encuentros artísticos, que han llenado sus calles de esculturas, murales y obras integradas en la arquitectura tradicional. Arte contemporáneo y tradición rural conviven aquí de forma natural, creando un ambiente único y muy inspirador.
Qué visitar:
- Las obras de arte al aire libre, repartidas por todo el pueblo: esculturas, murales y piezas contemporáneas.
- El Museo de Arte Contemporáneo Fernando Centeno, que complementa el recorrido artístico.
- La Iglesia de San Pedro Mártir de Verona, de estilo sencillo y tradicional.
- Rutas de senderismo por el entorno natural del Genal, ideales para completar la visita.

Casares: historia, montaña y mar en un solo lugar
Casares es uno de esos pueblos que impactan desde la distancia, colgado de la montaña como si desafiara a la gravedad. Su casco histórico es un laberinto blanco lleno de historia, y desde lo alto se disfrutan vistas que llegan hasta el mar en los días despejados. Además, es cuna de Blas Infante y un lugar perfecto para combinar cultura, naturaleza y gastronomía local.
Imprescindibles:
- El Castillo de Casares, desde donde se obtienen vistas espectaculares que, en días claros, alcanzan el Estrecho de Gibraltar.
- La Iglesia de la Encarnación, de gran valor histórico.
- El Centro Cultural Blas Infante, dedicado al pensador y político andaluz nacido aquí.
- Los Baños de la Hedionda, unas termas naturales de origen romano situadas en los alrededores.
En resumen, Málaga esconde pequeños tesoros que van mucho más allá de sus destinos más conocidos. Estos cinco pueblos son solo una muestra de todo lo que la provincia puede ofrecer a quienes se animan a explorarla sin prisas. Porque a veces, los lugares más pequeños son los que dejan la huella más grande.

Los pueblos de los que se habla en este artículo son auténticas joyas: lugares con encanto, historia y una belleza que sorprende a cada paso
Visitar estos pueblos es descubrir la esencia más auténtica de Málaga; rincones que enamoran y que merecen ser conocidos
Son pueblos que conservan su alma, con paisajes espectaculares y una hospitalidad que invita a quedarse
Cada uno de estos pueblos es una maravilla por sí mismo y una excusa perfecta para hacer una escapada inolvidable
Recorrer estos pueblos es viajar en el tiempo y disfrutar de una tranquilidad difícil de encontrar hoy en día
Sin duda, son destinos que hay que visitar al menos una vez en la vida por su belleza, su cultura y su gente
Estos pueblos demuestran que no hace falta ir lejos para encontrar lugares extraordinarios
Son lugares que invitan a perderse sin prisas y a disfrutar de cada detalle
Visitar estos pueblos es una experiencia que combina naturaleza, tradición y encanto
Cada pueblo tiene algo especial que lo hace único y totalmente recomendable
Estos pueblos son un claro ejemplo de la riqueza cultural y paisajística que tenemos y que merece ser descubierta.
Quien los visita se lleva recuerdos inolvidables y ganas de volver, así de sencillo
Son destinos ideales para desconectar, disfrutar y dejarse sorprender
Estos pueblos no solo se visitan, se viven
Un recorrido por estos pueblos es una invitación a enamorarse del turismo rural