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Hélène Mostertman, dueña del Restaurante Vino Mio: “Cumplí mi sueño: abrir mi propio restaurante en el mejor lugar del mundo”

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Estamos en Plaza Jerónimo Cuervo, junto al Teatro Cervantes. Entramos en el Restaurante Vino Mio y Hélène Mostertman, su dueña y fundadora, nos recibe con una gran sonrisa. Nos pide esperar unos minutos mientras atiende a otros comensales, porque ella disfruta conociendo a cada uno de sus clientes y no duda en ayudar a su equipo para asegurarse de los detalles. A sus 45 años, esta holandesa afincada en Málaga se ha convertido en una reconocida empresaria del mundo de la hostelería, por mostrarse incansable hasta conseguir su sueño de montar su propio restaurante y por haberlo ido transformando con éxito durante 15 años. Hoy nos disponemos a conocer a fondo los secretos del éxito de esta gran mujer, que también es fundadora y ex presidenta de la asociación cultural Barrio Picasso, embajadora oficial de la casa Ronald Mc Donald, apasionada del running, pareja del arquitecto Pedro Durán y mamá de Joëlle.

¿Cómo fue tu vida antes de llegar a Málaga?

Nací en Ámsterdam. Tengo un hermano que vive en Tailandia y una hermana que vive en Holanda, como mi madre. Mi padre falleció hace tres años, pero de niña tuve la suerte de aprender de su filosofía, que era tener que trabajar para poder conseguir algo, en vez de darnos dinero. Esta es la razón por la que soy tan trabajadora y puedo disfrutar de las cosas pequeñas. Mi primer trabajo fue con trece años, pelando bulbos de tulipanes los fines de semanas. También repartí periódicos, trabajé en un supermercado, fregué platos, trabajé como canguro y he limpiado casas. Con 17 años trabajaba en una frutería los fines de semanas y después del colegio, para poder pagar mi carnet de conducir. En el mismo año empecé a trabajar en un restaurante los fines de semana. Desde el primer día me enamoré de este oficio, por la idea de que con una sonrisa y un buen servicio podías cambiar el estado de ánimo de la gente. Y decidí hacer todo lo posible para tener mi propio restaurante algún día.
Cuando tenía 18 años mis padres decidieron ir a vivir a Curaçao, una isla cerca de Venezuela, mientras yo me quedé en Ámsterdam para estudiar Hostelería y Hotel Management. Al mismo tiempo trabajé en restaurantes y catering para pagar mi alquiler. Incluso vendía pizzas en los conciertos de Bon Jovi y de los Rolling Stones. Podíamos escuchar y ver perfectamente los conciertos y encima nos pagaban. ¡Era genial! (ríe). También trabajé en un crucero por el Caribe y quedé segunda en un concurso holandés de vinos.

Cuántas experiencias a tan corta edad…

Sí, y quería más. Por eso, después de los exámenes quería viajar para buscar nuevas ideas y para encontrar el mejor lugar del mundo para vivir y abrir mi restaurante. En cada sitio donde trabajaba hacía un estudio de las cosas buenas y de las cosas que yo podría mejorar, y guardaba recetas de los platos con más éxito de cada restaurante. Además, aprendí idiomas (ahora hablo seis y estoy estudiando ruso). Pasé por Plymouth, al sureste de Inglaterra, y la costa de Bélgica, dónde con 23 años monté un pequeño hotel y un restaurante justo al lado. En este tiempo aprendí muchísimo, especialmente de mis errores. Tres años después me fui a vivir a Francia, luego regresé a Ámsterdam un año para estudiar marketing y antes de instalarme en Málaga viajé unos meses por Nueva Zelanda.

Y finalmente, tras viajar durante nueve años, llegas a Málaga en el año 2000 para montar Vino Mio, inicialmente en calle Álamos. ¿Por qué Málaga?

Desde los 18 años tenía un amigo (Marco) que soñaba, como yo, con montar su propio restaurante en el mejor lugar del mundo. Durante sus muchos viajes descubrió Málaga y me dijo que era el sitio perfecto para nuestro concepto de cocina creativa, por su clima, por su gente y por su mercado. Así que me mudé aquí y empezamos a buscar local mientras trabajaba en Piquero de Habana, un bar de salsa. Después de un año y medio encontramos local y tras 7 meses de obras por fin abrimos el restaurante en 2003, aunque desde hace años yo soy la única dueña porque compré su parte a mi socio quien se fue a vivir en Bulgaria. El restaurante tuvo un gran éxito desde el primer día y la gente nos decía que era justo lo que Málaga necesitaba.

El año 2003 fue decisivo en tu vida…

Sí, porque fue también cuando conocí a mi actual pareja, Pedro Duran, que estaba aún estudiando arquitectura en Sevilla, pero los domingos venía a ayudarme en la obra del restaurante. Muchos años más tarde Pedro hizo el diseño del actual Vino Mio en Plaza Jerónimo Cuervo y, entre otras cosas, diseñó el precioso toldo de la terraza. Pero su obra más bonita es sin duda Joëlle, nuestra hija de 11 añitos.

¿Qué ha sido lo más duro de todo el camino?

El tema de personal para el trabajo lo veo complicado. He tenido muy malas experiencias con gente en quien confié mucho. Yo pensaba que si tú tratas bien a alguien, él te trata bien a ti. Pero eso no es siempre así, depende de la persona, hay gente a quien funciona al revés. Pero en general tengo un equipo fantástico, que disfruta con su trabajo, y que se esfuerzan mucho.

¿Y lo más gratificante?

Lo contenta que se pone la gente. Nosotros ofrecemos momentos muy especiales, dónde todo cuenta: la comida, el servicio, el ambiente… Eso es lo que quiero dar a la gente. Por otro lado, me encanta Málaga, su gente y su sol, que da mucha energía positiva.

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En 2011 Hélène abrió un segundo Vino Mio a los pies del Teatro Cervantes y durante dos años compaginó ambos negocios, hasta que finalmente traspasó el de calle Álamos. Ella ha convertido Vino Mio en un restaurante acogedor y elegante, un sitio cultural donde además de música en directo y su espectáculo de flamenco, se realizan exposiciones cada mes, con horario Non Stop y platos en la carta tan originales como la carne de cocodrilo. Marca la diferencia por ser diferentes a todo lo demás. “Mi restaurante es mi pasión y me encanta hacer feliz a la gente, y eso se nota”, asegura Hélène. Abierto de miércoles a domingo, se sirve comida desde las 13.00 horas hasta la medianoche.

¿Cómo surge la idea de la carne de cocodrilo, dónde la conseguís y a qué sabe?

La idea fue de Marco, mi ex socio. La carne procede de la cola del cocodrilo y viene de Sudáfrica. La gente muestra mucho interés para probarla, y combina muy bien con el chutney mediterráneo, tal y como lo servimos en Vino Mio. El sabor es entre pollo y pez espada.

Una cocina creativa y deliciosa.

Mucho. Además, todos los productos que utilizamos en Vino Mio son de la mejor calidad. A la gente le encanta especialmente el solomillo de ternera, la ensalada de couscous, el tataki de atún y el bacalao. También las salsas y postres son caseras, y eso el cliente lo nota. La tarta guiness tiene mucha fama y nadie se la puede perder. Junto con mi excelente jefe de cocina, Aitor Guerrero Muñoz, me encargo también de elegir y supervisar los productos que utilizamos en la cocina.

¿Cuál es la clave de este éxito?

La calidad, en general. En Málaga, durante la crisis, muchos restaurantes han bajado los precios y con eso la calidad, y eso es algo que yo nunca he hecho. Claro que al principio nos ha costado un poco, pero luego lo hemos agradecido, porque ahora tengo una clientela que aprecia la calidad y yo prefiero ese tipo de clientes para mi negocio. También es importante ser diferentes a los demás, destacar. Y que para un dueño, ese negocio sea su pasión y se implique en él. Es difícil encontrar restaurantes donde el dueño esté allí, se relacione con sus clientes, se interese por ellos y se preocupe por conocer su opinión.

Una mujer implicada, además de solidaria…

Si, organizamos eventos anuales donde se realizan sorteos y subastas para recaudar fondos en beneficio de la casa Ronald Mc Donald. También estuvimos celebrando almuerzos benéficos, ‘Comidas en compañía’. Se invitaba a un personaje famoso de Málaga y la gente pagaba para comer con él, y así recaudar dinero y dar a conocer al proyecto de la casa Ronald. Participaron entre otros Dani Garcia, Silvia Marso, Juanma Lara y Remedio Cervantes. Me siento afortunada de poder ayudar a estas familias que tienen a sus hijos enfermos.

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Esta entrevista forma parte del último número de la revista Ciudad con Alma, que puedes ver a continuación: